jueves, 18 de diciembre de 2014

COMENTARIOS SOBRE ELOMBRE DE LA CIENAGA

  Oscar Quiroga de Prado

«ELOMBRE DE LA CIÉNAGA» TERMINADO Y RECOMENDADO
He leído rápido este libro porque siempre quería ver un capítulo más antes de dejarlo. Ya dije cuando lo empecé que estaba entusiasmado con la lectura y no he dejado de estarlo.
El lenguaje que utiliza Ángel Angel Olmedo me parece el más adecuado para contar esa historia; directo y al grano. Nos muestra el ambiente a través de las acciones de los protagonistas y las formas de vida a través de diálogos que en muchas ocasiones son impactantes y que resumen en una frase un libro de explicaciones.
No conozco la etnia de los emberá, pero por mi trabajo con grupos indígenas dudo que sean tan prístinos, honrados, honorables y sabios como nos los presenta el autor. Encontramos una justificación que me parece plausible de la aparición de las guerrillas en Colombia; el autor no dice nada acerca de en qué se han convertido posteriormente esos grupos armados, pero tampoco era el objetivo del libro.
Lo recomiendo porque es de lo mejor que he leído en los últimos años.

 Carlos Augusto
Tengo el gusto de recomendar la novela "Elombre de la Ciénaga", de Angel Olmedo. Se trata de una obra bellamente escrita, a caballo entre la realidad y la leyenda, que se destaca por ser una historia originalísima y atrapante, al punto que luego de devorar más de diez capítulos seguidos me sentí impelido a comenzar a leerlo todo de nuevo y en voz alta con la ilusión de compartir la lectura con mi esposa. Nos turnamos: un rato leía yo y otro ella. Hicimos algunas pausas, no por cansancio, sino para hablar de la historia o de la riqueza narrativa. Y es que "Elombre de la Ciénaga" está repleta de descripciones, a ratos estremecedoras, a ratos reflexivas, o simplemente hermosas. No es una obra perfecta, nada lo es, pero ¡demonios! hacía muchísimo tiempo que no me topaba con un libro como este, y es que el autor escribe de una forma que se siente como música para el alma; forma y contenido, ritmo y desarrollo, sentimiento e imagen. Todo lo plasma con una destreza asombrosa. Leer "Elombre de la Ciénaga" es adentrarse en un mundo desconocido y exótico; es experimentar, por medio de las letras, una realidad tan lejana a nosotros que pareciera irreal o fantástica por la crudeza de los hechos que describe, pero que sin embargo es en su mayor parte un relato fuertemente afianzado en las experiencias vividas por el autor y en algunos sucesos que acabaron por convertirse en leyenda entre los habitantes de un caserío olvidado por Dios. No encontré con qué comparar esta historia. No se parece a nada que yo haya leído. Salió de la selva, literamente del último rincón habitado por el hombre, y llegó transformada, mitificada, distorsionada y glorificada por la pluma del artista. Creo yo, con todo lo dicho, que he sido bastante claro ya.

Te engancha, 13 de octubre de 2014
5.0 out of 5 starsMe gustó porque desde el primer momento te atrapa en su lectura, te remite a paises y paisajes desconocidos y te hace vivrlos.
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5.0 out of 5 starsUN LIBRO ENTRETENIDO, QUE TE ATRAPA Y LO LEES SIN PARAR. By Angela Orozco on November 15, 2014
Format: Paperback
Cuando estuve en el colegio, los progesores de lituratura nos obligaban a leer los libros más aburridos que hay, resumirlos, y anotar el singificado de las palabras que no sabíamos. Quedé odiando el colegio, los libros, y sobre todo esos pedantes profesores de literatura que piensan que un buen libro es un libro aburrido. Desde que salí del colegio no había leido un libro, los odio, y no voy a malgastar leyendo libros el tiempo que tengo para ver telenovelas. Pero comencé a leer "elombre de la ciénaga" porque estaba en el baño en casa de una amiga, y la historia me atrapó. Mi amiga tuvo que prestarmelo, y lo leí en una semana, casi sin parar. Claro que me salté partes para llegar al final. Ahora lo estoy volviendo a leer. Hay palabras que no entiendo, por ejemplo, los mexicanos decimos "pantano", y no "ciénaga", pero me las salto y sigo leyendo.
Si los profesores de literatura pusieran a leer libros tan interesante como este, la gente tomaría gusto a los libros. Pero no, nos ponen a leer libros tan malos,pesados y aburridos como El Quijote. 
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5.0 out of 5 stars Es una novela apasionante, que te engancha desde que ..., November 22, 2014
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This review is from: Elombre de la Ciénaga (Spanish Edition) (Kindle Edition)
Es una novela apasionante, que te engancha desde que empiezas a leerla, y no la quieres dejar de leer. Te hace sentir los sentimientos de los personajes, como si los estuvieras viendo frente a ti. Al autor se le nota el conocimiento y el amor por esa tierra. Tiene algunos pasajes crueles, pero para mí el centro de la novela es la vida libre y solitaria en la ciénaga, como si el autor estuviera volviendo a crear el Paraiso Original en medio del infierno de la violencia y la selva. El libro tiene un pequeño blog elombredelacienaga.blogspot.com con fotos e historias de la zona y el autor que vale la pena ver.

5.0 out of 5 stars Una novela para disfrutar al alcance de todos, December 3, 2014
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This review is from: Elombre de la Ciénaga (Spanish Edition) (Kindle Edition)
He leído este libro con placer y asombro. Nunca había leído una historia escrita con tanta naturalidad, con tanta cercanía, con amor a la tierra y a los hombres y mujeres que la habitan. Es una historia mágica como mágica es esa tierra. La historia de nuestra América latina no es fácil de relatar, y relatar una historia semejante dentro de la historia real (aunque no del todo oficial, como tantas veces pasa) no es nada fácil, y tiene mucho mérito. Lo mejor es que lector más ignorante de la historia y sociedad que abarca el relato de Ángel, puede comprenderlo todo fácilmente y sacar sus propias conclusiones. Nadie va a perderse en esa intrincada selva mientras siga esta guía.
La novela es también una descripción, descripción de una selva, selva sin idealizar, como pasa en muchos relatos de viajes, selva rica, selva mísera, selva viva y difícil.
El relato en sí mismo es sencillo, directo y realista, sin artificios que dificulten su lectura. Se lee muy fácil y se disfruta. La novela es dura cuando la historia lo es, es humana como sus protagonistas, es apasionante porque la vida en la selva es apasionada o no lo es; y es divertida en las ocasiones en que se entrecruzan las historias de algunos personajes.
Con esta novela se aprende, se vive, se ríe, se sufre, y siempre se disfruta. Es una de esas lecturas que hay que aconsejar a los amigos y sentarse a comentar tranquilamente.

Ivan Orozco aunque nunca me gusto mucho la lectura, he leido un par de Buenos libros que me sugirio empa mi Hermana. y afortunadamente tube la oportunidad de leer el libro el hombre de la cienega cuando solo hera un manuscrito. me gusto mucho desde el principio hasta el fin. cosa necesaria para yo leer un libro completo

Augusto Zambrano Hace un par de meses volví a leer este libro. Sinceramente, un libro que deja un placer tan hondo como para merecer una segunda lectura es, a mi juicio, un libro extraordinario. 100% recomendado.

martes, 16 de diciembre de 2014

Con los emberás del Bojayá.


Es la otra orilla, la orilla chocoana del Atrato Medio. El obispo de Quibdó nos pidió que ayudaramos a llegar a 2 mujeres que mandaba para allá. Para mí fue como una excursión de recreo.
El primer pueblo del rio es Bojayá, una floreciente comunidad negra. Aunque no era mi zona de trabajo varias veces había subido allí con mi botecito a motor, a decir misa en un dia señalado, a bautizar en alguna fiesta, o a dar clases espciales en el colegio. De allí para arriba todo era nuevo. En la noche, subiendo a palanca, llegamos a Bojayás la Loma. En un día más de palanca llegamos a los caserios de los emberás.

Era como un paraiso terrenal, cascadas de agua limpia cayendo al rio, aire, clima templado, y la limpieza, la honradez, el respeto de esas personas. Dejamos nuestros cosas en una playa de piedra, a sabiendas de que nadie las tocaría. Colgamos nuestras hamacas en un tambo abandonado. Yo busqué trochas de tatauros para seguir subiendo, hasta que llegué a la cima de la cordillera. Hubiera podido bajar por el otro lado hasta llegar a Bahía Solano.








Me dejé engañar del agua, el segundo día estaba enfermo de amibiasis.
Quedé amando ese lugar y esas gentes. Nunca más pude volver.


Años después subió un grupo de paramilitares para intentar desalojar un campamento querrillero instalado en Bojayá. La gente del pueblo se refugió en la iglesia para librarse del fuego cruzado. Una bombda, o una caneca de gas llena de explosivos cayó en la iglesia. Pocos sobrevivieron.
Ahora el pueblo está desierto, no se atreven a vivir allí por miedo a encontrarse otra vez en el fuego cruzado de los paramilitares y la guerrilla. Y la vida de los emberás se ha vuelto difícil:
"Si bajamos a comprar comida a Vigía del Fuerte la policía casi no nos deja comprar por miedo a que estemos surtiendo a la guerrilla. Al llegar al pueblo de Bojayá los paramilitares nos roban la comida. Mas arriba la guerrilla nos roba el resto. Al llegar a nuestro pueblo ya no tenemos nada".










En el poblado emberá del Bojayá. Una indígena tiene la piel pintada con jagua, una fruta de la que sacan un colorante antiseptico.

viernes, 12 de diciembre de 2014

¿ELOMBRE DE LA CIENAGA, O EL HOMBRE DE LA CIENAGA?


¿ELOMBRE DE LA CIENAGA, O EL HOMBRE DE LA CIENAGA?
¿UNA FALTA IMPERDONABLE DE ORTOGRAFIA?
Aunque mi ortografía siempre ha sido mala -padezco o gozo una dislesia que no me deja ver las letras- esta vez no es una falta de ortografía, de esas que me obligaban a copiar cientos de veces "haber se escribe con hache y be"-
"ELOMBRE" es el apodo del protagonista. El por qué se explica en el libro:
"Le llamaron en burla "El Hombre" cuando comenzó a ir a la escuela, porque era ya tan grande y fuerte que parecía un adulto entre los niños de su edad; él lo convirtió en un título de gloria, y lo gravó con deficiente ortografía en las cachas de sus machetes: Elombre. Su fortaleza y su altura le han ayudado a hacerse respetar en este pueblo donde la ley es cada uno, y sigue mereciendo el título; él es Elombre, y nadie se atreve a hacerle frente".
"Elombre" es un buen apodo, es ser el macho dominante, el alfa +.

En el Atrato son corrientes los apodos. Viejos curas bautizaron poniendo a todos los niños de primer nombre José, y a todas las niñas Maria. Con eso cristianizaban nombres que nunca han estado en el santoral católico
Dice el libro: "Otro problema se presentó cuando al preguntar a un hombre el nombre de la madre él contestó orgullosamente:
- Pues Linda.
Otra vez fue un monaguillo quien resolvió la situación con sabiduría ancestral:
- De más que se llama María, porque todas las mujeres se llaman María.
A partir de ese momento el cura siguió colocando el nombre de María o José ante cualquier otro inverosímil: Maria Linda, María Triste, José Coroncoro, María Lavandera, José Güigarro, José Cusumbo, María Chilacó... "

Como no vale de nada un nombre que es igual para tod@s, usan el segundo nombre, o un apodo: "ViejoMele", "Chilingo", "VivianoPaja"...
A mi me llamaban el Cura Cholo, porque tomé la constumbre de ir por los pueblos sin camisa, como hacen los indios "cholos". Todo comenzó un día en que me di cuenta que un comerciante se había puesto de acuerdo con el inspector para que prohibiera, bajo pena de cárcel y multa, ir sin camisa por el pueblo. El objetivo era obligar a que los indigenas tuvieran que comprarle al comerciante una camisa al llegar al pueblo. Luego los 2 partían el beneficio. Así que me quité la camisa, y comencé pasearme por el pueblo.
-Le van a multar.
-Si me multan no pago.
-Le meterán al calobozo.
-¡Qué venga a determe si tiene guevas!
No me detuvieron, y la ley se acabó: Si el cura tenía el derecho de ir descamisado, los del pueblo y los indigenas también.

Con el tiempo, la costumbre de poner a todas las niñas Maria desapareció en las ciudades, pero siguió en los pueblos. En Medellín decir; "Estoy buscando María" equivale a decir "Estoy buscando sirvienta". Así que en los 21 pueblos que atendía proclamé que ya no había que poner a las niñas Maria, que bien pudieran ponerlas como les diera la gana, algunos me aplaudieron, otros me tacharon de hereje.

sábado, 6 de diciembre de 2014

EL AUTOR: AUTOBIOGRAFIA

Los tres primeros hermanos nacimos en Madrid. Pero en los primeros recuerdos que tengo de mi mismo me veo solo,caminando por el monte en Cervera de Pisuerga, un pueblo minero en el norte Palencia. Tengo también el recuerdo del día en que abrí la puerta que daba al monte, y estaba totalmente tapada por la nieve, y se filtraba por ella un resplandor mágico.

En invierno el pueblo se quedaba incomunicado. Los mozos del pueblo tenían que ir, pala en mano, a abrirle paso al quitanieves. Aquel amor que aprendí en Cervera por el monte, la libertad, la Naturaleza me ha acompañado toda la via.

Cuando tenía 7 años me llevaron a Pamplona, en ese entonces ya eramos cinco hermanos, y allí nacerían cuatro más. Perdí los montes de Cervera, pero me encontré con los Pirineos. Mi padre quería que fueramos a un buen colegio. El colegio fue una desgracia para mí. Me pusieron en un curso donde todos eran por lo menos un año mayor que yo.Me ridicularizaban.  Me convirtieron en el tonto de la clase, el capacico de las hostias.

Odiaba el colegio. Los domingos teníamos que ir a misa, pero no iba al cine de las tardes. Era un niño solitario. La lectura fue mi refugio. En nuestra casa había cientos de libros y los leí todos. Luego comencé a ir al monte cada domingo, .

Cuando tenía 16 años quise darle un sentido a mi vida. Ingresé al seminario, aunque no era amigo de rezos ni misa, sino de acción social.
Hice mi noviciado en Cizur, luego un grupito salió del seminario para vivir en un piso en Echavacoiz, un barrio obrero pobre en Pamplona, y me fui con ellos. Fue un tiempo maravilloso. Teníamos un club juvenil, reuniones de grupo, un baile juvenil, hicimos campamentos.  Creamos un grupo de montaña que todavía sigue. Tal vez no hice nada por Echavocoiz, pero Echavacoiz hizo mucho por mí.

Me hice sacerdote y se cumplió mi sueño de ir a la misión de Colombia. Fue muy duro marcharme. Todo el tiempo añoré mis amigos de Pamplona y Echavacoiz, mis montañas, mis hermanos, y el pan que se come en España.

Colombia fue una revelación para mí: El trópico, la luz, la vida como fiesta, una forma distinta de ser, de vivir y de amar. Pero también el racismo, la explotación descarada, la inseguridad, el machismo, la miseria, la insolaridad, la corrucción. Hice de Colombia mi Patria, la amo y me duele. Me dediqué intensamente a conocer su cultura, su música, su historia, no solo en los libros, sino hablando con la gente.
¡Hoy mataron cerdo! ¡Corra, que se acaba la carne!

Mirando el Atrato correr por el pueblo inundado
Mi destino era la misión en el Atrato, gente negra, descendientes de esclavos cimarrones que se refugiaron en una tierra invivible donde los ejercitos no eran capaces de llegar. Ya no había montañas, solo los caminos del agua. La comida era escasa y monótona, platano, arroz, pescado ocasionalmente, de tarde en tarde carne de cerdo o de monte .  Estuve un tiempo en Vigía del Fuerte, con compañeros alemanes. Cuando llegué el pueblo estaba inundado Era estar prisionero en la casa, sin nada que hacer, acostandose a las 6,cuando el sol se ponía, porque no había luz en el pueblo, pero teníamos el lujo de unos bidones de agua que recogían el agua de lluvia y un inodoro.Llovía casi todos los días, pocas veces faltó agua. A pesar de eso varias veces nos enfermamos de amibiasis. Mis compañeros se enfermaron varias veces de paludismo o malaria.
Vigía inundado

Iglesia de Vigía, un Hermano predica, yo sentado.

 Salí con mis compañeros para un viaje por los pueblos de la parroquia. Ibamos a estar fuera 21 días, durmiendo cada día en un pueblo distinto. Me acordé de llevar mi amaca; se me olvidaron las cuchillas para afeitarme. Cuando volví pensé que la barba evitaba picaduras de mosquitos en la cara. Me la dejé, y me dejé el pelo largo. Me convertí en un oso.

En realidad la gente tenía su religión, muy distinta de la nuestra, más cercana a sus ancestro africanos que al catolicismo de los europeos.

 No querían un cura sino en las fiestas, para hacer las procesiones, y bautizar cientos de niños salidos no se sabe de donde.



Necesitaban médicos, medicinas, una mejor alimentación,
 agua potable. Conseguí dejar en cada pueblo tanques de
 eternit que recogían el agua de lluvia. Llevé médicos a Vegáez.

 Luego descubrí el rio Arquía, un rio bravo de gente brava, difícil de subir. Más arriba estaba el pueblo originario, el que quemaron en la Violencia. Allí, en el pueblo de Vegáez hice mi casa. Allí conocí a "la Paisa", su historia está en el libro. Desde mi casa salía de viaje para tender los pueblos, volvía a los 21 días, descansaba una semana y volvía a salir.

Vegáez tenía trochas por las que andar, un inspector de policía con poco que hacer, una letrina para todo el pueblo, unos pocos comerciantes que vendían velas, detergente, y cerveza. El pueblo tenía pocas casas, la gente iba a cultivar maiz y platano a sus fincas, el pueblo estaba desierto salvo las fiestas. Allí conseguí llevar medicinas que regalaba o vendia por casi nada, y transforme en escuelas unos cuarteles a medio construir para polícias que nunca llegaron. 




Tenía tambien una iglesia con techo de cinc agujereado y nidos de avispas en el techo que se caían en misa y hacían huir a todo el pueblo -yo me quedaba inmovil y nunca me picaron- paredes de madera que se habían caído o estaban pudriendose. Con los hombres del pueblo tiramos maiz por la selva, y luego tumbamos la vegetación sobre ella, el maiz crecía cubierto por la vegetación podrida. El maiz se iba a vender para reconstruirla, pero ya no llegé a recogerlo, agotado y enfermo tuve que retirarme. Solo había estado 3 años en la misión, pero fue un tiempo increiblemente intenso. Luego ya no pude adaptarme a ser un cura normal, a la rutina de una parroquia. Al salir de la misión se terminó mi vida sacerdotal . Me casé, fui profesor de economía, tuve un centro de cuidado infantil en Madrid, pero nos venció la nostalgia de Colombia. Volvimos, tuve una finca en lo alto de los Andes, sin agua, carretera ni luz, volví ser profesor en Medellín, hasta que nos echaron la falta de trabajo y los sueldos bajos. Nos vinimos a Estados Unidos, limpié platos e inodoros, planché en un cliner. Ahora soy un trabajador social en el área de cuidado infantil. Finalmente he realizado ni ilusión infantil de ayuda social.